La historia inacabada

Como cada mañana, Luz se despertó de un sueño maravilloso. Y mira que intentó que no terminase, trató por todos los medios, no escuchar el despertador. Pero tenía un oído muy fino. Así que ese sueño perfecto quedó en nada en cuestión de milésimas de segundo. Luz tenía la suerte de soñar cada noche. ¡Cosas hermosas! Pero no siempre recordaba lo soñado al despertar. Se sonreía, tras un suspiro, sabiendo que la noche no había pasado en valde, que sus energías positivas estaban repuestas para enfrentar un nuevo día. Pero esa mañana algo había cambiado. Un silencio inusual llenaba su casa.

– ¿Carlos?- Dijo en voz alta. Y repitió aun más fuerte.- ¡¿Carlos?!

Una sensación extraña inundó su garganta, ésta le quebró la voz al decir:

– Carlos, ¡no me hagas esto!

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Y hasta aquí escribo yo. Sí, sí. ¿Habeis jugado alguna vez a eso de seguir el cuento que empezaba otro? Pues yo propongo crear una historia entre todos. ¿Quién sabe? Puede que saquemos un argumento genial para una obra estupenda. Una obra libre, para todos los Pícaros que la quiseran montar… Tal vez, algún día nos reuniremos todos los que montásemos algo a raiz de esto, para ver las distintas propuestas.

Mi principio, deja miles de frentes abiertos. Escoge uno.

María de PSP

 

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Antonio la sigue así:

Así que Luz se levanto rápidamente de la cama, angustiada, Carlos no le contestaba. Siguió llamándole pero no había respuesta, solo el eco de su voz retumbando en las paredes del pasillo. Siguió caminando lentamente por el piso, intentando descubrirle en alguna habitación esperando que le diera un susto, pero nada.
Ni un leve resquicio de esperanza le quedaba, cada vez estaba más angustiada, pasó por el salón hasta llegar a la cocina, cuando……

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Miguel sigue a Antonio así:

Cuando de pronto al llegar a la cocina vio a Carlos comiéndose un cucurucho de pescaíto frito y le dijo a Luz: -¡Perdona Luz!, no podía contestar a tus llamadas angustiosas. Tenía la boca llena de cazón en adobo y de calamares del campo- Entonces, Luz le sacudió una bofetada al pobre Carlos por el susto que le había hecho pasar. Carlos, se dolió mucho de la bofetada, pero la aceptó de buen grado, porque sentía una gran atracción hacia Luz, la amaba profundamente.

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Iñigo sigue a Miguel así:

Y como por el disgusto la vio tan apagada,y llamándose luz eso era algo que Carlos no podía permitir, decidió encenderla con uno de sus trucos de erudito del amor y le dijo susurrándole al oído: nena,cuando sueñas cosas bonitas quien crees que te da los argumentos. Ella se sonrojó y aunque el olor del cazón y de los calamares del campo no armonizaban con las tempranas horas, suspiró y acogiéndose al calor de la mejilla abofeteada decidió bajarse las…

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3 comentarios to “La historia inacabada”

  1. antuan el picaro Says:

    Así que Luz se levanto rápidamente de la cama, angustiada, Carlos no le contestaba. Siguió llamándole pero no había respuesta, solo el eco de su voz retumbando en las paredes del pasillo. Siguió caminando lentamente por el piso, intentando descubrirle en alguna habitación esperando que le diera un susto, pero nada.
    Ni un leve resquicio de esperanza le quedaba, cada vez estaba más angustiada, pasó por el salón hasta llegar a la cocina, cuando……

  2. Cuando de pronto al llegar a la cocina vio a Carlos comiéndose un cucurucho de pescaíto frito y le dijo a Luz: -¡Perdona Luz!, No podía contestar a tus llamadas angustiosas. Tenía la boca llena de cazón en adobo y de calamares del campo- Entonces, Luz le sacudió una bofetada al pobre Carlos por el susto que le había hecho pasar. Carlos, se dolió mucho de la bofetada, pero la aceptó de buen grado, porque sentía una gran atracción hacia Luz, la amaba profundamente.

  3. Y como por el disgusto la vio tan apagada,y llamándose luz eso era algo que Carlos no podía permitir, decidió encenderla con uno de sus trucos de erudito del amor y le dijo susurrándole al oído: nena,cuando sueñas cosas bonitas quien crees que te da los argumentos. Ella se sonrojó y aunque el olor del cazón y de los calamares del campo no armonizaban con las tempranas horas, suspiró y acogiéndose al calor de la mejilla abofeteada decidió bajarse las…

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